domingo, octubre 17, 2021

Rinden homenaje a José Agustín en Escuela de Verano

La Universidad Autónoma de Nuevo León, a través de su Secretaría de Extensión y Cultura — Cultura UANL, como parte de las actividades de la Escuela de Verano UANL 2021, rindió homenaje a José Agustín, uno de los escritores fundamentales de la literatura mexicana moderna.

El homenaje fue dado como un «reconocimiento a José Agustín por la creación de un lenguaje nuevo en la literatura mexicana que, a través de sus personajes e historias entrañables, nos sumerge en la imaginación y en una postura crítica permanente y atrevida», en palabras del rector de la Máxima Casa de Estudios, Rogelio Garza Rivera.

El evento contó con la participación de Antonio Ramos Revillas, director de la Editorial Universitaria como moderador; Dalina Flores, académica de la Universidad Autónoma de Nuevo León, investigadora, docente y narradora; Julián Herbert, narrador, poeta, ensayista; Eduardo Antonio Parra, narrador, cuentista; y Andrés Ramírez, conductor, poeta, editor de José Agustín, así como su hijo.

«Hablar de José Agustín es hablar de alguien que ha formado generaciones de lectores en nuestro país», mencionó el titular de la Casa del Libro, Antonio Ramos. Sobre este punto, a lo largo de la charla, los participantes expandieron con sus anécdotas personales, tanto sobre cómo descubrieron la literatura de José Agustín, así como el efecto que esto tuvo en ellos como escritores.

Eduardo Antonio Parra agrega: «José Agustín no sólo es uno de los escritores más importantes de este país, sino además uno de los más queridos. Pero también uno de los más influyentes.»

«Muchos escritores que en la actualidad están en pleno auge no exstirían si no hubiera existido la literatura de José Agustín. Se me viene a la cabeza, nada más por mencionar a uno de los más visibles: Juan Villoro no sería Juan Villoro, por ejemplo, si no hubiera leído a José Agustín; Luis Humberto Crosthwaite no sería Luis Humberto Crosthwaite si no hubiera leído a José Agustín; y muchos de nosotros tampoco hubiéramos escrito lo que escribimos si no hubiera sido por la literatura de José Agustín».

En cuanto a su descubrimiento personal, Parra menciona que la primera vez que leyó a José Agustín entró en shock. «Yo lo conocí por una novela, Se está haciendo tarde… recuerdo cuando la leí, era bastante joven, y mi primera impresión fue: «¡Se puede escribir esto!», refiriéndome a la temática. Después de terminar de leerla empecé a reflexionar que no nada más sobre la temática que escribía José Agustín se podía escribir, sino también los procedimientos; era una literatura totalmente impredecible, completamente inesperada.»

Después dice: «A partir de ahí me puse a buscar lo que a mí me interesaba más, los cuentos. He pasado toda la vida leyendo y releyendo la obra de José Agustín. Los cuentos son los que más me han apasionado, a los que regreso con mayor frecuencia.»

«Ese manejo de lenguaje, escribir sin ningún tapujo, con una espontaneidad que no sé si sea preparada, pero siempre da la impresión que José Agustín nomás se sienta y empieza a escribir en automático», concluye Eduardo Antonio Parra.

Dalina Flores expande sobre la idea central, afirmando que José Agustín «es el padre de la literatura moderna en México.», pero también un escritor que fue y sigue siendo necesario para los mexicanos.

«La obra de José Agustín es fundamental en la creación de lectores en México. Si bien es cierto que México es un país que tiene un índice muy bajo de lectores de Literatura, el arribo de la obra de José Agustín hizo que muchos chavos que ni siquiera teníamos idea de qué era la literatura, como yo, nos acercáramos a la literatura», comenta.

Menciona después cómo sus encuentros con la literatura no habían sido fortuitos, obligada a leer El Mío Cid en secundaria como todos los mexicanos desde tiempos inmemoriales. Fue hasta que llegó una novela de José Agustín a sus manos, De perfil, cuando cambiaron esas cosas.

«Leí De Perfil, ávidamente, y dije «esto no es literatura, ¡esto sí está padre!». Las cosas que consideramos como literatura son aburridas, elevadas, que no entiendes el lenguaje… pero este texto me habla a mí, me siento identificada con el personaje, que hablaba de sus papás», comenta.

Después, por recomendación de la amiga que le presentó De perfil, Dalina Flores leyó La tumba. «[Mi amiga] me advirtió: «sólo que ten mucho cuidado, que no te vayan a cachar este libro tus papás», y yo dije «Madre santa». Y literal me iba a esconder a leer, hasta que me cachó mi papá… Y cuando vio el libro que estaba leyendo dijo «Oye, qué padre que sí estás leyendo buena literatura».

«Para mí», concluye, «fue un momento crucial en la vida, porque justamente por eso me decidí a estudiar Letras. Sentí interés por este universo de la literatura real, no la antigua que se había quedado en el Cid Campeador. Después de eso empecé a armar una revista que se llama Epigénesis», menciona Dalina Flores. El final de un comienzo: su carrera en las letras.

Julián Herbert continua con la charla, pero a diferencia de los demás quiere tocar aspectos más formales sobre los cuentos de José Agustín. Para Herbert la fluidez del género literario es algo no sólo característico de la obra de José Agustín, sino de la Gran Literatura en general.

«Una idea que me late mucho: dice Alberto Vital que los géneros son un puente entre la literatura y la sociedad, y en esa medida creo que una de las cosas que juegan ahí es hasta qué punto un género puede ser estable. Y creo que los autores que más nos importan son los que justamente le mueven el fierrito ahí al puente mentado de la sociedad y la literatura», comenta Herbert.

«Y creo que en ese sentido los cuentos de José Agustín son tan entrañables, porque una de las sensaciones es: «bueno, esto es literatura, pero qué clase de literatura es»; pero también es: «esto qué es… esto es una novela, pero es un cuento, pero es una biografía.»

Para Herbert, «hay una gran falacia de la crítica que suele dividir la literatura mexicana en dos mundos, como los cultos y los coloquiales, los de la onda y los de la escritura. De repente pueden ser conceptos más o menos operativos, que sirven para agrupas algunas cosas pero que también anieblan ciertas conexiones.»

Finalmente, Andrés Ramírez aceptó el reconocimiento en nombre de su padre, para hablar también algunas cosas sobre la obra del autor.

«Yo quería recordar que La tumba empezó justo como cuatro cuentos, que le presentó a Juan José Arreola. Eso fue lo primero que él publicó.», menciona.

«Eran cuatro cuentos, que Arreola, el editor, le dijo «no son cuatro cuentos, es una novela». Y en el proceso de edición acabó siendo el libro que conocemos», menciona Andrés Ramírez, mientras presenta frente a la cámara diferentes versiones de lo que ahora conocemos como la novela La tumba.

Sobre los orígenes de esta fluidez de género literario menciona que «el cuento siempre estuvo ahí presente. Pero sus primeros textos, además de obras de teatro, fueron poemas.»

«Teatro y poesía son los dos andamiajes que están presentes en su primera inmersión en la liteatura. Arreola le da forma y lo complementa, como editor.», concluye Ramírez.

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