viernes, mayo 7, 2021

UANLeer presenta: lectura de poesía con Charles Simic

El día de ayer, domingo 21 de marzo, como parte de las actividades virtuales de la Feria del Libro Universitario UANLeer 2021, el poeta serbio Charles Simic nos deleitó con una charla y lectura de poesía en la que destacó su humor peculiar, así como las breves pero potentes imágenes que caracterizan su obra poética.

Acompañado de Jeanette L. Clariond, Simic nos cuenta sobre su infancia durante la Segunda Guerra Mundial, su juventud en Nueva York, sus años recientes como docente, todo sin perder el tono certero y musical que lo definen como poeta, sumado a su peculiar humor con el que se desgranan las verdades ocultas sobre la vida.

Un ejemplo de esto es lo que cuenta sobre su experiencia en la Segunda Guerra y por qué ha decidido hasta ahora no escribir mucho al respecto. Dice Simic:

«Tengo algo terrible que confesar… La guerra comenzó para nosotros en 1941, el 6 de abril, yo tenía 3 años. Una bomba cayó cruzando la calle, destruyó un edificio. Eran las 5 de la mañana. Salí volando de la cama, caí en el piso, rodeado de vidrios rotos de las ventanas, etcétera. Y después de eso, vino la ocupación alemana en Yugoslavia, y la guerra civil: había entre 5 o 6 facciones. Terrible. Atrocidades. Ibas a la calle principal de Belgrado y había personas colgadas de los postes de luz, porque por cada alemán herido había 100 personas colgadas o asesinadas. A pesar de estos horrores y atrocidades, que era lo que había, yo disfruté el tiempo de la Segunda Guerra Mundial.»

«Mi madre tiene una historia… bueno, yo no recuerdo decir esto. Esto pasó el 9 de mayo, y la guerra ya se había terminado. Era 1945. En ese tiempo, la única razón por la que volvía a casa, y tenía 7 años entonces, era a tomar agua. Corría a la cocina, tomaba agua y salía corriendo. Entonces, en una de esas idas a la cocina, ella me dijo que había escuchado en la radio con unos vecinos que la guerra había terminado. Y me dijo: «Quédate aquí, ya terminó la guerra». Y ella dijo que yo dije: «ahora se acabaron los buenos tiempos», o algo así. Eso me hace sentir confundido ahora. ¿Cómo pude decir eso? Mi madre siempre usa esa historia para demostrar lo idiota que estaba su hijo.»

«Muchos años después me encontraba en una fiesta en NY, donde conocí a una chica de Polonia. Ella había vivido lo peor de la guerra. Y yo le conté cómo me había sentido al respecto y por qué no entendía cómo lo pude disfrutar. Entonces ella me dijo: «Charlie, es que olvidas lo más importante de todo… no teníamos que ir a la escuela.» Yo me sentía afortunado de que las escuelas hubieran sido bombardeadas.»

Sobre sus años siguientes, Simic y su familia emigraron a los Estados Unidos. Después de un tiempo se mudó por su cuenta a Nueva York, a un pequeño apartamento donde se dedicó a la pintura hasta los 30 años. De esta época, y la influencia que tuvo en su vida posterior, en su carrera como poeta, nos cuenta:

«Lo que retengo de pintar ahora… cuando pintaba, sólo podía pintar en lienzos pequeños pues no tenía espacio. Vivía en un apartamento muy pequeño. Así que compraba un lienzo pequeño y pintaba. Hoy eso cuenta como parte de mi poesía; mis poemas no son muy largos, son cortos. Todo cabe en ese pequeño espacio. Siempre siento, cuando escribo un poema, que está enmarcado por un espacio en blanco que hay que rellenar.»

Esto ha llevado a Simic a una desarrollar una estética en la que el silencio y la imagen cumplen una labor fundamental para el poema. «Escribir con imágenes», dice Jeanette L. Clariond. A lo que Simis concluye:

«Mi visión siempre ha sido: menos es más. Generalmente no me gustan los poemas que son muy largas, aunque he escrito secuencias poéticas largas. Para mí el misterio es qué efecto pueden tener 2 o 3 líneas en una página. Siempre me he impresionado, como millones de otros, con los japoneses, con el haikú. (…) Me gusta lo minimalista, lo económico, los poemas que surgen de la nada, que explotan de repente.»

Por ejemplo, el siguiente poema, que trata sobre ese tipo de días hermosos, en los que el sol brilla, en los que uno se encuentra de un humor impecable, sólo para abrir el periódico y pasar a un estado lúgubre y terrible. El poema, leído a dos voces, en inglés por Simic y en español por Clariond, dice así:

After the Bombing

A great city lay reduced to ruins
As you stirred in a hammock
Closing your eyes and letting
The paper you were reading
Fall out of your hand to the ground,
Where the afternoon breeze
Took an interest in it and swept it
Back and forth across the lawn
Toward the neighboring woods,
So the owls can study the headlines
As soon as night comes
And shriek from time to time,
Making mice shake in their beds.

Después del bombardeo

Una gran ciudad quedó reducida a ruinas
mientras tú te balanceabas en la hamaca
cerrando los ojos y dejando
caer el periódico que estabas leyendo
de tu mano al suelo,
donde la brisa de la tarde
se interesó por él y se lo llevó
de un lado a otro por todo el cesped
y hacia los bosques cercanos,
para que los búhos pudieran estudiar los titulares
tan pronto como llegase la noche
y dar chillidos de vez en cuando
haciendo temblar a los ratones en sus lechos.

Sobre este poema, y la poesía en general, Simic concluye que: «Es el tipo de cosas que uno siempre confronta… Esto siempre me ha atormentado. Comencé mi vida en el mundo de la crueldad, de la tragedia, y la tragedia constante. Y luego, aún cuando uno esté felicísimo, ello nos invade.»

// La transmisión del evento se encuentra disponible a través de las redes sociales de Cultura UANL.

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