viernes, noviembre 27, 2020

Las emociones son estructuras

Por Valeria Becerra

Tras llegar a un pequeño patio exterior y entrar en una casa color blanco están un grupo  de personas que a simple vista parecen ser un grupo de artistas. De vista, reconozco a Daniel Martinez, el pintor de la muestra, un hombre joven con aire sensible. Y hablo de sensibilidad porque en momentos de incertidumbre como los que hemos estado atravesando durante el 2020, a veces necesitamos espacios donde entregarnos del todo a esta experiencia. 

Al entrar, a mano izquierda, es posible visualizar un gran elefante hecho de una estructura metálica rellena con retazos de tela color rosa, insertados con delicadeza y, al mismo tiempo, espontaneidad: la obra pertenece a Miriam Medrez. A la izquierda de esta escultura, están dispuestos sobre la pared los paisajes abstractos de formato cuadrado pintados con acrílico, entre colores rosa, marfil y ocres.

En la siguiente sala, vemos un diálogo permanente entre las formas orgánicas propuestas con las esculturas de Medrez y las líneas geométricas de los paisajes que, según el pintor, remiten a estructuras arquitectónicas. Un punto en común es el uso del color  rosa. Daniel relaciona este color con el paisaje, su feminidad y la espiritualidad. Menciona que del rosa le gusta que es el nombre de una flor y que simboliza la fuerza de los débiles, el encanto y la amabilidad. Éste color es el punto medio entre la fuerza del rojo y la sutileza del blanco.

Sus  cuadros, con una técnica de pincel firme, de tinta densa y al mismo tiempo con una técnica impecable, pueden remitirnos a ventanas totalmente abiertas, otras entreabiertas y otras a medio cerrar. Entre tanto, menciona que la potestad del viento es la potestad de fuerzas invisibles y que no se encuentran a simple vista. Motivo por el cual es un tesoro que permanece a la vista de  aquellos que tengan voluntad y calma de posar su mirada hacia su interior.

En el salón del medio está la única pieza sobre lienzo que se sale de las líneas geométricas; este cuadro representa un suceso, plasmado a través de la abstracción de una forma que no es ni redonda ni un polígono y junto a ella una estructura puntiaguda de color azul cian.

En el siguiente y último salón dialogan una de las esculturas hechas con materiales de textil como hilo y enjambre, con forma redondeada y femenina, y al lado un retablo al parecer simétrico. Digo al parecer, porque  a simple vista es posible percibirlo como rectángulos dentro de otros rectángulos. Sin embargo, en una de sus esquinas del lado derecho hay un pequeño quiebre que rompe con la perfección. Precisamente en ese quiebre dentro de la simetría es donde logran conectarse la escultura y la pintura de los dos artistas presentes en Las emociones son estructuras.  

Para terminar, me acerco tanto a Virginie como a Medrez para preguntarles un poco acerca de la curaduría y la obra. Medrez habla de lo textil como búsqueda de lo orgánico y lo único. Virginie, por su lado, menciona que uno de sus objetivos cuando pensó en hacer esta exposición era generar bienestar en la experiencia estética. Bienestar como respuesta necesaria ante la crisis humanitaria que hemos estado viviendo. Ante un panorama gobernado por decisiones políticas, la inteligencia artificial, los gobiernos de poder y empresas privadas, las obras buscan plantear la inmediatez de la sensación desde lo estructuro-emocional y así generar un encuentro espiritual.

Entre lienzos color rosa y esculturas hechas de textil e hilos dorados, entre otros materiales, es posible encontrar en esté rincón de Monterrey, una propuesta  arriesgada y al mismo tiempo concreta para acercarnos desde las propiedades del espacio y el color de cierta manera como seres humanos en este momento de aparente distanciamiento que estamos viviendo.  

// Fotografías cortesía de Violetta Ruiz @vioelastro

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