martes, octubre 27, 2020

El cuento como genética literaria, entrevista a Hiram Ruvalcaba

Por Hernando Garza

Con el tema de la paternidad en su libro Padres sin hijos, el cuentista jalisciense Hiram Ruvalcaba obtuvo el Premio Nacional de Cuento José Alvarado 2020 UANL.

El certamen, convocado por la Secretaría de Extensión y Cultura de la Máxima Casa de Estudios, y la Facultad de Filosofía y Letras, contó como jurados a los escritores Eduardo Antonio Parra, Ofelia Pérez Sepúlveda y Margarito Cuéllar, quienes dieron el fallo por unanimidad luego de revisar 153 trabajos.

En entrevista, Ruvalcaba habló de varios temas como los de su obra ganadora, el proceso de trabajo, las influencias literarias en su producción y la literatura norteña, entre otros.

“El libro va sobre la paternidad, y más concretamente sobre las dificultades que puede suponer el evento de ser padre. Desde que nació mi hijo, Naím, en diciembre de 2018, mi literatura se ha volcado sobre este tema, y parece que mis obsesiones (a veces pesadillescas) empezaron a decantar en una serie de cuentos”, expresó el autor nacido en Ciudad Guzmán, Jalisco, en 1988, sitio donde también vio la luz el ensayista y escritor Juan José Arreola.

“Dice (la escritora nortamericana) Joyce Carol Oates que la literatura también nace de las partes oscuras de nuestra obsesión”, añadió, “y yo creo que quise explorar esto, pues en los cuentos de esta colección vierto varios terrores que tuve —y sigo teniendo— como padre primerizo: hay un cuento sobre un aborto espontáneo, sobre un bebé que se queda olvidado en un carro en el pleno sol de mediodía, sobre un padre que presencia con su hijo los horrores del crimen organizado… El tema de la violencia, que es constante en mi obra, aparece retratado en un par de cuentos también. Por cierto, tengo varios cuentos inéditos sobre padres sin hijos, pero para este premio elegí los que, a mi parecer, tenían una unidad de impacto, además de temática”.

Comentó estar sumamente contento de ganar el Premio Nacional de Cuento José Alvarado 2020 UANL, ya que obtener un galardón de la narrativa norteña mexicana era una de sus aspiraciones primordiales por la importancia de los autores y autoras.

“De entrada, me siento sumamente contento y orgulloso porque ganar un premio de narrativa en el Norte del país era una de mis aspiraciones a mediano o largo plazo y, mira, qué bueno que sí se pudo”, afirmó, “Digo esto porque es bien sabido que la narrativa nacional contemporánea le debe mucho a esta zona (amplísima, por cierto), que nos ha legado nombres como Daniel Sada, Nellie Campobello, Inés Arredondo, Jesús Gardea, y más recientemente Élmer Mendoza, César Gándara, Luis Jorge Boone y David Toscana, o incluso Julián Herbert y Eduardo Antonio Parra, que aunque no nacieron en el Norte han tenido una presencia muy importante en la zona”.

Igualmente destacó la importancia de la distribución que tendrá su obra en la región. “Naturalmente, como narrador me da mucho gusto venir a sumarme a la literatura que se distribuirá por acá; y también me da gusto traer al Norte una muestra de la obra que se está produciendo en occidente; finalmente, para eso sirven también estos premios: para enterarnos de qué se está produciendo y quiénes son los autores que están trabajando”, señaló.

Sobre José Alvarado

Aunque no conoce a profundidad la obra del escritor, periodista y ex rector de la UANL, José Alvarado, cuyo nombre lleva el premio, recordó con afecto algunos de sus textos y lo está retomarlo. “Francamente, muy poco. Tuve la oportunidad de acercarme a sus Visiones mexicanas gracias a que mi abuelo tenía varios ejemplares de la bonita colección de letras mexicanas que publicó el Fondo de Cultura Económica. Por desgracia leí el libro cuando estaba en la secundaria o en la preparatoria y mi recuerdo es vago. Cuando me enteré que había ganado el premio (hace poco más de una semana) empecé a retomarlo, y te diré que me ha gustado mucho su narrativa ágil y percutiente, que tiene muy clara la influencia del periodismo mexicano de la primera mitad del siglo XX” , expresó.

“Recuerdo con especial cariño un pasaje que dedica a José Clemente Orozco, también nacido en Zapotlán: “Sin la pintura de José Clemente Orozco, Guadalajara no sería la ciudad que es hoy. Sus figuras colosales le dan una nueva dimensión al espíritu de la urbe y le proporcionan una categoría superior. Orozco es uno de los primeros jaliscienses modernos”. Me queda claro que José Alvarado es uno de los nombres que no debemos resignarnos a olvidar. Cuando vaya a Monterrey —si me invitan—, uno de mis objetivos es buscar sus cuentos completos”, dijo.

Autores e influencias

En cuanto a su técnica de trabajo, Ruvalcaba mencionó que se suma a la escuela norteamericana del cuento. “En cuanto a técnica, yo diría que me sumo a la escuela norteamericana del cuento. Mis autores gringos predilectos son Joyce Carol Oates, Raymond Carver, Richard Ford, John Cheever y, desde el año pasado, Lucía Berlin y Lorrie Moore”, dijo.

Tampoco puede dejar de lado a los autores jaliscienses Juan Ruflo y el mencionado Arreola: “No obstante, no puedo negar la cruz de mi parroquia: Rulfo y Arreola han sido dos luces durante toda mi formación como narrador, y aunque soy más rulfiano que arreolino —algo no muy zapotlense de mi parte—, diría que ambos autores permean en mi obra aquí y allá”, expresó.

También citó a los escritores latinoamericanos y norteños contemporáneos: “Los cuentistas latinoamericanos le debemos mucho a Julio Ramón Ribeyro, a Abelardo Castillo, a Liliana Heker, a Rubem Fonseca. Y bueno, para no hacer la lista larga, de los cuentistas mexicanos contemporáneos, diría que Eduardo Antonio Parra, César Anguiano y Daniel Salinas Basave son autores que admiro mucho. Hay una gran calidad en los narradores nacionales”, afirmó.

México, la tradición del cuento y las nuevas generaciones

Abundó en cuanto a la tradición del cuento en el país y sobre las nuevas generaciones: “Creo que México siempre ha sido un referente en cuanto al cuento. Ya te he citado varios autores que tienen presencia a nivel nacional e internacional, a la lista sumaría a Juan Villoro, Guadalupe Nettel, Antonio Ortuño, Cristina Rivera Garza, Fernanda Melchor, y hay muchos. El cuento en México sigue produciéndose porque, en el fondo, creo que nuestra genética literaria lo ha tenido siempre muy presente”, expresó.

“En cuanto a las nuevas generaciones (nacidos en los 80 y más hacia acá)”, añadió, “me he encontrado con varias sorpresas muy gratas en autores jóvenes, algunos de ellos aún desconocidos, otras ya con una trayectoria considerable. En materia de narrativa, diría que son las escritoras quienes están marcando pauta en mi generación: Lola Ancira, Laura Baeza, Aura García-Junco, Andrea Chapela, todas ellas contemporáneas que se mantienen en la mira con publicaciones o ganando premios y becas. También me interesa mucho la obra de Gerardo Lima, Darío Zalapa, Fernando Yacamán, Edgar Omar Avilés y de Jaime Romero, que es mi carnal a pesar de irle al Cruz Azul. Por supuesto que, ya rascándole, podré recordar otros nombres que están haciendo las cosas muy bien: en mi generación hay muchos autores impresionantes”.

Por otro lado, destacó las perspectivas del cuento en el extranjero: “En cuanto a las perspectivas a nivel internacional, sólo quisiera decir que hay dos premios que, a mi parecer, han servido para designar cuáles son los nombres que debemos tener en la mira con respecto al cuento”, expresó Ruvalcaba. “El primero es el Ribera del Duero, que da la editorial Páginas de Espuma y en donde ya se cuentan dos mexicanos como ganadores, y el otro es el ahora desaparecido Premio Hispanoamericano Gabriel García Márquez, que fue un maravilloso termómetro de la cuentística y en donde, también, México ha tenido presencia con dos o tres autores. Esto nos deja claro, creo, que no sólo seguimos escribiendo cuento, sino que lo estamos escribiendo muy en serio”.

Método de trabajo

El autor de los libros de cuentos El espectador (2013) y Me negarás tres veces (2017), habló de su manera de escribir sus textos. “Soy muy metódico en mi escritura. Para mí es virtualmente imposible terminar un cuento si no lo tengo planeado de principio a fin. Comprendo que hay autores que toman una libreta y dejan volar su imaginación y escriben un cuento bien perrón en unas horas, me parece muy respetable y los leo con odio y envidia. Mi caso no es así, ni de lejos. Siempre que me llega una idea de un cuento —suele ser una escena concreta, una imagen, un diálogo final o inicial y, muy rara vez, el cuento completo—, lo anoto en un cuaderno y después le doy vueltas durante días, semanas, meses. En este tiempo le doy forma a los personajes, les pongo una historia o los meto en una situación límite y me empiezo a preguntar cómo reaccionarían. Cuando ya he analizado la situación lo suficiente, escribo el planteamiento del relato y, una vez que tengo claro de dónde parto y a dónde voy, escribo el cuento completo. A partir de ahí seguirán semanas de corrección, señaló.

“Te diré que para mí el personaje más relevante siempre será el ciudadano de a pie. Nunca me ha gustado tener individuos extravagantes en mis textos: es el profesor, el ingeniero, el ama de casa, la estilista, el chofer de camión, el estudiante, el que me aporta mayor profundidad al momento de hacer mis historias. Será porque es el contexto en el que muevo…”, dijo.

Ruvalcaba añadió optimista de autores y autores que “están regresando la lupa a nuestro territorio”; “Quiero terminar diciendo que, si bien el premio es personal, lo poco o mucho que llegue a conseguir en mi camino literario está conectado con la producción que se está gestando en occidente”, señaló.

«Yo veo con mucho gusto que hay un fuerte movimiento de narradores y poetas que está regresando la lupa a nuestro territorio, y eso me emociona mucho: autores como Alejandro von Düben, Lizeth Sevilla, Julio Espíritu, Armando Salgado, Octavio Hernández, Joaquín Peón, Carlos Ponce, Cindy Hatch, se dedican a esto de las letras desde hace varios años, sin esperanza y sin desesperación, y no me cabe duda de que darán mucho de qué hablar en lo posterior. En ellos deposito mi confianza y, con algo de suerte —y mucha, mucha chamba—, ojalá logre colarme también en el escenario futuro con mis propias palabras”, afirmó.

Hiram Ruvalcaba

(Ciudad Guzmán, 1988) Es licenciado en letras hispánicas por la Universidad de Guadalajara e ingeniero ambiental por el Instituto Tecnológico de Ciudad Guzmán, además de maestro en estudios de Asia y África por El Colegio de México. Ha sido becario del Programa de Estímulos a la Creación y al Desarrollo Artístico en Jalisco en la categoría Jóvenes Creadores. En 2016 fue ganador del Premio Nacional de Narrativa Mariano Azuela. Ha publicado los libros de cuentos El espectador (2013) y Me negarás tres veces (2017), así como, en colaboración con Sandra Ruiz, la antología Kwaidan. Extrañas narraciones del Japón antiguo.

// Cultura UANL

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