martes, noviembre 24, 2020

Escribir escuchando

Por Ensō Rōshi

Para escribir hay que aprender a escuchar. No se puede entender el canto de la cigarra sin cerrar los ojos. Puede oírse al grillo durante las noches de insomnio y puede oírse al mosquito cuando se acerca a beber de nuestra oreja. Esto también es escuchar, pero no es escuchar. Se escucha al abrir la mente. Se escucha cuando el estado de la mente se libera de distracciones. Se escucha cuando se deja de pensar en que se es uno con la naturaleza porque siempre se es uno con la naturaleza de forma natural, en la forma de Buda.

El oso no puede pescar sin escuchar al chapoteo que causa el salmón al saltar. El oso siente al agua, la escucha con el corazón porque es uno con el universo. Cuando se escribe entra en juego el movimiento del universo. Para escribir hay que sentir cómo se mueve nuestro planeta a través de la galaxia y la galaxia en el cosmos. Para escribir hay que escuchar el movimiento del planeta navegando por el espacio. Hay que escuchar a las hormigas que corren entre nuestros pies, a las células de nuestro estómago, a las bacterias de nuestra piel. El sonido de una palma aplaudiendo es el sonido del universo que colisiona consigo mismo.

Pero maestro, ¿escuchar no es poner atención? Pregunta el discípulo. Si enfocamos nuestra mente en algo no podemos dejar de pensar al pensar constantemente en el objeto en el que nos enfocamos. Si escuchamos con atención, ¿cómo vamos a cancelar el eco que causa en la mente y la mente en el cosmos? ¿Escuchar no es una acción? El maestro reformula la pregunta: ¿escuchar es una acción? Escuchar es una cosa, escuchar otra. Si nos sentamos a escuchar escucharemos muchas cosas, sobre todo nada. Para escuchar no es posible sentarse a escuchar. Para escuchar hay que olvidar el oído.

Para escuchar hay que cerrar los ojos, los oídos, el olfato, el tacto y el gusto. Si escuchamos con el cuerpo no escuchamos con el corazón. Escuchar con los sentidos es escuchar con la mente. Cuando la mente observa, cuando la mente escucha, la mente repite. Escuchar con el corazón es recitar el canto de la esencia de las cosas, es la desnudez de Buda frente a Buda detrás de Buda. Escribió entonces el maestro este poema:

Un oso pesca…
El corazón del río
palpita al azar.

Escribir es latir con el río. Que fluya el pincel, que fluyan las teclas, que fluya el lápiz. Ser un río es cambiar cada instante sin dejar de ser agua y toda agua es igual. El agua es agua. Escuchar es ser lo que se escucha. Buda es agua. El agua es Buda. Escuchar todo es ser todo. Escribir escuchando es ser Buda.

A %d blogueros les gusta esto: