viernes, noviembre 27, 2020

Sentarse a escribir: libertad

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Por Ensō Rōshi

Para escribir primero hay que ser libres. Sólo cuando somos libres es que podemos hacer cualquier cosa. Pero el concepto de libertad viene siempre acompañado de una pregunta y no podemos no preguntárnosla en cuanto escuchamos la palabra «libertad». Aunque deberíamos tratar de no preguntárnosla y sólo ser libres y empezar a ser libres siendo libres, no podríamos ser libres sin preguntarlo: ¿si primero tenemos que ser libres significa que en principio somos esclavos? Sólo en tanto cuestionamos nuestra libertad.

No se puede escribir sin sentarse, no se puede sentar sin respirar, pero tampoco se puede respirar sin libertad. Cuando nos damos cuenta que respiramos nuestra atención se fija en nuestros pulmones y de cierto modo somos libres de pensar en otra cosa. Para el principiante así debe ser, pero el Maestro es libre. Quien respira con la forma perfecta y no se concentra en ello puede observar con libertad. Sólo entonces es posible escribir en vez de juzgar. La forma perfecta sólo se adquiere con la escritura libre.

Pero Maestro, pregunta el discípulo, ¿cómo podemos buscar la libertad sin concentrarnos en ella? El Maestro le pegó con un palo. La respuesta es la misma de siempre, dijo el Maestro. ¿Y ahora cómo me voy a concentrar con tanto dolor en la mano? El dolor exige concentración en él. Si te concentras en él sólo existirá el dolor. Si te desconcentras de él puede existir cualquier otra cosa.

Porque en nuestra mente pensamos en el pasado lo hacemos presente. Vivimos siempre el presente. Cuando el guerrero murió en combate y su esposa le escribió un poema en el que decía: «has partido al mar, si aún fuera el invierno, te tendría ahora», ella vivía ese pasado en su mente, reviviéndolo. Una milla al este es una milla al oeste, decía Dogen. Su sabiduría era grande pero su libertad mayor. Da igual volver o suponer si lo hacemos en el presente. La libertad es poder observar.

Pero Maestro, pregunta el discípulo, ¿ser libre significa no atarse a reglas? Y el Maestro pregunta: ¿cómo vas a ser libre si no tienes reglas de las cuales liberarte? El discípulo responde: la libertad se adquiere cuando nos liberamos de algo que nos restringe. El Maestro ríe. ¿No es libre la montaña, restringida a la base del mundo y también el río, restringido a la montaña y al mar? Hay que ser como la tierra, que tiene la libertad de secarse, de dar frutos, de partirse, de comer a los muertos. La libertad es la forma perfecta porque sólo cuando somos libres es que podemos observar y sólo cuando observamos es que podemos ser libres.

Para poder escribir primero hay que ser libres. Cada retoque de tinta es el marco de tiempo que nos ancla al universo. La respiración canta adentro del cosmos y el pincel escribe la palabra. Pero si pensamos demasiado en la palabra no seremos libres. La palabra pensada se carga y pesa y a menos que la palabra deba ser pesada no cumplirá su propósito. La libertad es poder observar la mente y no juzgar, no concentrarnos, ver al universo. Sólo cuando seamos libres podremos entender el valor real de cada caracter y pintarlo fiel a su espíritu. En este sentido, escribir es como ser el agricultor que germina y come a sus hijos. Escribir es ser la tierra y la tierra es Buda.

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