martes, octubre 27, 2020

Primero produzco y luego hago la historia

«En el caso del cine, no le das forma al fondo, le das fondo a la forma; el cine se parece más a la pintura que a la literatura»

 Monterrey, NL.- Para el cineasta regiomontano Luis R. Garza, el punto de partida para hacer una película es la tríada formada por un realizador, una cámara y un actor o una actriz, porque se inclina por trabajar a la inversa de lo que es común en la industria: primero ve qué se puede producir y después cuenta una historia con esos recursos.

Así fue como se creó Marino y Esmeralda (2020), su más reciente cinta, filmada en blanco y negro, en variados formatos originales (16 mm, super-8, 135 y 120 fijo), y que hilvana una historia a través de su personaje femenino como objeto fotografiado por un joven, en una sucesión de imágenes asociadas a la voz de un narrador no completamente identificable.

«Me parece interesante y divertidísimo el poder contar una historia escribiendo con las imágenes, pero también escribiendo con la banda sonora: son dos formatos de historia que se complementan uno al otro simultáneamente», comentó el exalumno de la Universidad de Monterrey.

El largometraje de 75 minutos, de Luis Rodrigo Garza Fernández, es parte de la selección oficial del Festival Internacional de Cine de Monterrey, que se desarrolló del 13 al 20 de agosto, por primera vez en un formato virtual, debido a la contingencia sanitaria.

En este festival, la noche del pasado miércoles 19 de agosto, Marino y Esmeralda obtuvo el Cabrito de Plata al Mejor Largometraje de Nuevo León y una Mención del Jurado a Largometraje Mexicano de Ficción. 

«Es un acontecimiento muy feliz tener la oportunidad, el privilegio, de haber hecho una película, de entrada, y la oportunidad de que pueda ser exhibida como parte de la programación del FIC, algo que yo no sabía si algún día iba a poder», expresó Garza Fernández sobre su primera participación como creador en este festival.

Marino y Esmeralda es la historia de un joven estudiante foráneo de cine que conoce a una estudiante y artista plástica, en quien encuentra la musa que siempre quiso para sus cámaras; aunque, ingenuo, descubre poco a poco la personalidad de Esmeralda y la de él mismo, quien pronto quiere ser lo que ella es para él: su «muso».

Lo primero que hizo Luis R. Garza para este largometraje –que además produjo, escribió, fotografió, editó y musicalizó, aparte de ser la voz del narrador– fueron las tomas con la actriz Stéphanie Rose, con una idea sobre cómo se iba a ver el producto, qué textura y qué emociones iba a tener… pero todavía sin tener la historia.

De hecho, la película se reveló y se editó cuando aún no estaba escrita, «ni una sola palabra, ni el título», reveló el comunicólogo, porque quiso entrar al proceso por las formas y no por el fondo.

«En el caso del cine, no le das forma al fondo, le das fondo a la forma; el cine se parece más a la pintura que a la literatura», expuso.

El ExaUDEM señaló que la complicación fue confeccionar «algo coherente» con los recursos que tenía en este proyecto que partió de la producción antes que del guion, fiel a su método de trabajo, inspirado en parte por autores como Dziga Vertov y Jonas Mekas.

«Es un reto empezar por producción y terminar con un guion (…); es una tortura psicológica», reconoció el cineasta, «primero es ver qué puedes producir y luego hacer una historia con esos recursos, no solo técnicos y económicos, sino también intelectuales, la propia cultura y las habilidades».

«EL PROBLEMA ES LA EXHIBICIÓN»

El también director del largometraje Palomar (2017) y de nueve cortometrajes más afirmó que el problema del cine mexicano no es de producción, ni de historias, ni de talento, sino de oportunidad para la exhibición.

«El problema no son recursos, el problema es la exhibición; (…) el problema real está en hacer que se vea esa película; es un problema que nos toca a todos atacar, por la hegemonía tan evidente y descarada de una industria cinematográfica gringa que le interesa seguir haciendo mucho más dinero y, de paso, aniquilar otras culturas como la nuestra», manifestó.

Garza Fernández recalcó que el problema del cine mexicano no es de producción, aunque muchos cineastas se quejen de eso, ya que se producen y se pueden producir más películas.

«La mejor manera de producir cine –creo, porque es lo que he encontrado yo– es hacerlo con los recursos que tienes, es empezar con producción: qué historia puedes contar con lo que ya tienes; especialmente, hoy en día en que es mucho más accesible para más gente el que pueda tener una cámara, una computadora y un dispositivo de registro de sonido», estableció.

«LA FORMA MÁS PURA DEL CINE»

Garza Fernández, quien también estudió guion cinematográfico en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en Cuba, relató que su cultura cinematográfica comenzó en su niñez, cuando veía los registros familiares en super-8, tanto los propios como los de sus amistades.

«Esos registros familiares en super-8 son mis bases más fundamentales, mi primera aproximación, (…) me parece la forma más pura y básica del cine: una motivación, una cámara y alguien detrás de la cámara; el resto es sofisticación», sostuvo.

El cineasta comentó que, al ingresar como alumno en la UDEM, estaba atraído por el mundo de la radio, y aunque este medio fue su «primera novia», terminó «casándose» con el cine conforme avanzó en sus estudios, sobre todo, al conocer a sus diferentes maestros.

El giro en su vocación comenzó por la base docente de esta casa de estudios, como Juan Manuel González (actual director del Departamento de Ciencias de la Información), quien le «abrió la ventana» para no solo hacer algo como estudiante dentro de la escuela, sino hacer algo afuera de esta.

// El Porvenir

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