lunes, noviembre 23, 2020

Krauze y secuaces, a la deriva

Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

“En un lejano lugar retacado de nopales/ había unos tipos extraños llamados intelectuales/ se la pasaban leyendo para ser sabios y doctos/ pues no querían seguir siendo vulgares tipos autóctonos.” // Rockdrigo, “Los intelectuales”

En una carta publicada en Reforma, ¿dónde más?, un grupo de “intelectuales” acusa, sin comprobar, que Morena compró, en el actual Legislativo, representantes electos de otros partidos. ¿Compra o coalición? ¿De la misma manera en que se compraban legisladores para las llamadas reformas estructurales? Los “intelectuales”, tan propicios a discursos vacuos, no muestran evidencias, tal vez el regreso de Emilio Lozoya “ilustre” a los ilustrados de cómo se hacían las compras políticas en el antiguo régimen.

Dicen que el presidente de la República “ha ido concentrando (sic) en sus manos el poder del gobierno en detrimento de los demás poderes del Estado y de los estados de la federación”. Si tienen una acusación, López Obrador no atiende en esa ventanilla. ¿Por qué no les preguntan a los miembros de la Suprema Corte de Justicia? ¿Por qué no señalan las públicas desavenencias entre, por ejemplo, Alejandro Gertz Manero, autónomo, y Santiago Nieto, dependiente del Ejecutivo? Por lo demás, ¿cuándo se había conformado un bloque de gobernadores tan importante como oposición a las políticas públicas del gobierno federal? ¿Eso es concentración de poder?

Uno de los abajo-firmantes, Enrique Krauze, se inventó, siguiendo a Daniel Cosío Villegas, el concepto de la “presidencia imperial”. ¿Existe ahora una presidencia imperial con Andrés Manuel? Más que revisar sus delirios teóricos, Krauze podría revisar la realidad.

Estos intelectuales critican de lado la mala estrategia de Hugo López-Gatell con la pandemia, no les interesa. Lo que les interesa es defender, como siervos del neoliberalismo, a las empresas y a los disminuidos poderes fácticos. ¿Salvar cientos de empleos o salvar a los grandes empresarios?

“De continuar por ese camino, el presidente y la coalición que lo apoya harán retroceder los avances democráticos que consumieron años de lucha a la sociedad mexicana para salir de un sistema autoritario y establecer la democracia”.

Los intelectuales nada nos dicen de los momentos históricos, de ese salto cualitativo del autoritarismo a la democracia. No lo precisan. ¿La democracia empezó con el fraude de Carlos Salinas-Manuel Bartlett en contra de Cuauhtémoc Cárdenas? ¿Con el asesinato de Luis Donaldo Colosio y el ascenso de Ernesto Zedillo? ¿Con la concertacesión de Zedillo con Vicente Fox? ¿Con el “haiga sido como haiga sido” de Felipe Calderón? ¿Con las millonarias inversiones de Odebrecht a la campaña de Enrique Peña Nieto?

Al final proponen una gran alianza, una cruzada digamos en términos religiosos, para restablecer “el verdadero rostro de la pluralidad ciudadana” y con ello, se asegure que la Cámara de Diputados “recobre su papel como contrapeso constitucional al Poder Ejecutivo”.

Los intelectuales, en este cercano lugar retacado de nopales, no nos explican con hechos, cuál fue el papel de “contrapeso” del Legislativo frente al Ejecutivo en esa idílica época democrática por la cual sienten nostalgia. ¿Los cañonazos? ¿Los pactos por México? ¿Y cuándo terminó la “presidencia imperial”?

Octavio Paz y Daniel Cosío Villegas le darían sendos coscorrones al pobrecito Enrique Krauze quien, ajeno a la discusión pública propuesta por López Obrador, de nuevo se victimiza en un tuit: “Mientras la pandemia arrasa con la vida de decenas de miles de compatriotas desprotegidos, mientras la economía y el empleo se desploman, mientras la violencia impera … el presidente ataca a un grupo de intelectuales”.

Ese es el nivel de los supuestos intelectuales. La respuesta puntual de un presidente, que sí los ve y los oye, es malinterpretada como un ataque. Me da tristeza que dos personas que tienen una obra notable, como Roger Bartra y Gabriel Zaid, terminen sus días intelectuales suscribiendo los intereses de la derecha y de su mayor intelectual orgánico, Enrique Krauze. Si se es intelectual, se trata de deliberar, no de victimizarse. Sí, es triste, estos intelectuales no tienen ideas, crítica, sostienen intereses.

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