domingo, octubre 17, 2021

De silencio y naufragio, I.

Por Juan Pablo García

Hay gente que se hace a la mar con una brisa suave y atraviesa el océano:
así hace, pero no lo atraviesa. El mar no es una superficie.
Es un abismo de arriba abajo. Si quieres atravesar el mar, naufraga.

—Meister Eckhart

*

1. El arte: saber callar, saber naufragar; ser ahora silencio, ahora naufragio.

2. El padre le cuenta a su hijo la historia de un monje y su discípulo. En la historia el monje recomienda a su aprendiz sembrar un árbol seco y darle agua hasta que reviva. Cada mañana el discípulo llena un bote, sube la colina y riega el árbol. De ese árbol un día después de tres años nacerá una flor. Algo cambiaría, dice el padre al hijo mientras siembran juntos un árbol seco, si hiciéramos algo todos los días reiterada y sistemáticamente, sin importar si eso que hacemos es llenar un vaso de agua para tirarla por el inodoro: hallaríamos así esa línea constante que está por debajo de otras líneas irregulares, una línea que no está trazada con felicidad ni tristeza y que tampoco es motivo de orgullo o sufrimiento: esa línea la podemos llamar atención o silencio o aburrimiento. Llámese como se llame será la tierra firme de nuestro naufragar, un corazón que palpitará cuando todo lo demás calle. Si descubrimos esa amorfa o etérea tierra firme, descubriremos aquello que hace posible nuestros descubrimientos, olvidados ya de la esperanza del florecimiento.

3. En la palabra silencio habita la raíz indoeuropea “sei” que también forma parte de la palabra semilla y que significa en ambos casos dejar caer, tirar. ¿Qué tiramos cuando callamos? ¿Qué cae? Hemos roto el silencio, le cuenta el padre a su hijo mudo mientras regresan a casa, porque damos sentido a lo que no lo tiene ni lo tendrá; nuestra ruptura es inversa a romper un hueso o un plato: nosotros nos rompemos creando, abrimos un mundo en el mundo como quien quiebra un huevo para comérselo y no morir de hambre o como quien rasga la tierra para sembrar. Somos capaces de romper aquello que no tiene forma porque somos en esencia creativos: estamos enraizados al silencio, de ahí venimos y ahí vamos; somos también parecidos a los lobos, que nacen sordos y a medida que crecen desarrollan un oído milimétrico, hasta que un día por fin escuchan el silencio. Se cuenta que el mar lo inventaron unos náufragos. Tú conoces todavía el silencio, le dice el padre a su hijo mudo, pero nosotros, los que hablamos, sólo podemos conocer el silencio cuando gritamos o cuando caemos, cuando no podemos ir ni regresar: y nuestro grito nos hace callar al desgarrarnos la garganta; te tiras y no sabes ya si eso es elevación o descenso, estamos en la purificación del silencio, somos por fin mudos otra vez, como tú.

4. ¿Qué es la literatura sino un largo camino para desembarazarse de toda metáfora? ¿Qué es el arte sino un camino de regreso a la inocencia?

5. En la enseñanza zen de tiro con arco existe algo llamado la búsqueda por la puerilidad, que consta en recuperar un pensar sin pensar mediante el arte del olvido de sí mismo, para poder actuar despojados del deseo de que la flecha dé en el blanco: abogar por una disciplina de náufragos que esté disociada de la obligación y de la responsabilidad es también abogar por el silencio necesario para crear: la disciplina, al igual que el silencio y la fe, es una forma de conocimiento en la que hay que estar dispuesto al naufragio, olvidarse de la orilla para sobrevivir.

6. El silencio es olvido y dislocación de lo explicable; olvido y dislocación de las finalidades. También es la base de la contemplación: un espacio entre lo mental y nosotros mismos. En el silencio nos delimitamos mediante la intuición de nuestros límites; el silencio es una no-acción, una contra-acción en la que se cierran los ojos para ver, o como escribió Nikos Kazantzakis: No hay que pedir que la cortina se aparte para poder contemplar la imagen: la imagen es la propia cortina. ¿Es el arte un diálogo entre silencios, entre cortinas? El mar de los náufragos es la posibilidad de un mar infinito. Descubrir es amar el misterio que cubre las cosas.

7. La creatividad es una experiencia que en un principio exige contemplar; después vendrá el trabajo: materializar esa contemplación para que sea desenterrada por la otra presencia: el posible espectador, su silencio y su atención. En cada obra podemos encontrar un centro gravitatorio silente, vacío: llegar ahí para tener el vislumbre de cómo se ha elaborado esa obra es conocer la esencia del artista, mirar su disciplina, hacer presente su naufragio.

8. El arte es una disciplina de la imposibilidad, las raíces eternas de la aproximación constante, la perfecta imperfección; no poder llegar nunca a un puerto es lo que vuelve fértil al artista: la obra que se abandona por no poder terminarla nunca, o la que no se empieza por no encontrarle nunca un principio, enseñan al artista a superar lo imposible mediante el amor por lo imposible.

// Estos textos fueron escritos con apoyo del PECDA de Puebla en 2014.

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